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Una Vez Más, Por Su Torpeza

El Vaticano Confiesa



PRÓLOGO

Este documento no es contra la Fé Católica sobre la cual creemos.

La Fé Católica es la Fé que posee la acumulación más grande de Verdades Divinamente Reveladas. En ningún caso las tiene todas ya que Dios es la única Plenitud de Verdad, pero ninguna otra Fé tiene tantas Verdades en su Tesoro Espiritual como la Fé Católica. 

Es una verdadera tragedia como las Iglesias - Este y Oeste - han malgastado tan inmenso Tesoro Espiritual en la búsqueda de tesoros materiales durante los últimos 2.000 años a expensas del Mandato de Aquél que las estableció, Nuestro Amo y Señor Jesucristo.

Si tan inmenso Tesoro Espiritual hubiera sido utilizado de la manera en que se pretendía, el mundo no estaría en la condición en la que se encuentra en el comienzo del Siglo XXI.

Este documento sí es contra el descaro y abusos de los administradores clave de la Iglesia Católica Romana.

El problema nunca ha estado en las enseñanzas básicas y dogmáticas del Catolicismo; el problema residió y sigue residiendo en los administradores que manipulan tal tesoro para ganancia temporal y no espiritual.


PROPÓSITO

El propósito de este documento es alertar a los Fieles de la realidad que se esconde detrás de los "santos" muros del Vaticano, con el objetivo principal de que no caigan en la emboscada del Falso Cristo. (1)

También sirve de ejemplo para ilustrar el hecho conocido de que hasta satanás tiene que servir a Dios.


INTRODUCCIÓN

Un periodista Italiano, Emiliano Fittipaldi, especializado en investigaciones, publicó un libro en Noviembre de 2015 en Italiano, e inmediatamente en Castellano, con el título de "AVARICIA - Los Documentos Que Revelan Las Fortunas, Los Escándalos y Secretos del Vaticano de Francisco".

Fittipaldi, que lleva años ocupándose de estos temas para L'Espresso, ha recopilado, a partir de fuentes confidenciales, una gran cantidad de documentos internos vaticanos que le han permitido cartografiar, con lujo de detalles, el primer mapa del imperio financiero de la Iglesia.

Esto, naturalmente, podría haber sido banalizado por el Vaticano como otra Teoría de Conspiración y, en consecuencia, habría sido ignorado por las entidades y personalidades en puestos de responsabilidad en el mundo. En vez de eso, su torpeza, avaricia y, sí, su innata estupidez, hizo que públicamente confirmasen la veracidad de todo lo que publicó Fittipaldi. En parte del Prólogo del libro leemos lo siguiente:

"Veamos, señor Fittipaldi, está usted imputado de un delito muy grave. Difusión de noticias y documentos confidenciales. Lea esto." Me entrega una fotocopia de un documento en el que el papa Francisco modifica el código penal vaticano a partir del 11 de julio de 2013. En el párrafo sobre "Delitos contra la Patria" aparece un nuevo artículo, el 116 bis. Es el artículo por el que me acusan. "Quienquiera que obtenga de forma ilícita o revele noticias o documentos cuya divulgación está prohibida, será castigado con entre seis meses a dos años de prisión o con una multa de entre mil y cinco mil euros. Si la conducta implica información o documentos que conciernen a los intereses fundamentales o relaciones diplomáticas de la Santa Sede o del Estado, se aplicará la pena de prisión de entre cuatro y ocho años", leo en voz alta.

"¿Y qué pena me correspondería a mí?", pregunto.

"Usted ha publicado lo que para nosotros equivale a secretos de Estado. Por tanto, de entre cuatro a ocho años", me explica el juez.

Ahí lo tiene, querido lector: el Juez que preside el Tribunal Vaticano ha confirmado con su pronunciamiento oficial la veracidad de todo lo revelado por el Fittipaldi.

Si no fuera tan serio el tema sería para reírse de la situación.


DETALLES

Los detalles se los presentaremos en forma de: El Prólogo a la Edición Española y El Prólogo a la Edición Italiana - tal como aparecen en el libro, el cual, naturalmente, recomendamos. (2)


El Prólogo a la Edición Española
(pp 7-10)

"Comencemos. ¿Es usted Emiliano Fittipaldi?", pregunta el secretario del tribunal del Vaticano, un hombre calvo y no demasiado alto, con un hilo de voz apenas perceptible aunque cortés. "¿Es usted quien ha escrito el libro Avaricia?"

Asiento con la cabeza. Mi abogado rotal sonríe en silencio, pero en su rostro se aprecia una sombra de preocupación. También para él, acostumbrado a visitar estos salones para resolver anulaciones matrimoniales y defender a clientes acusados de hurtos de poca monta en el supermercado de los cardenales, se trata de una situación extraordinaria. En el gran salón estamos solamente nosotros tres. El sonido del teclado del ordenador resuena entre columnas y cuadros de la Virgen.

"Bien. ¿Cómo se llaman sus padres?"

"¿Por qué desea saberlo?"

"Son normas del Vaticano. Además del nombre del imputado, tenemos que saber el de sus padres. Le parecerá extraño, pero ese es el procedimiento aquí. ¿Cómo se llaman?"

"Arturo y Ornella", respondo.

El secretario teclea lentamente los datos que acabo de darle. Hace unos diez minutos que hemos llegado. Me pongo a observar el salón.

Era la primera vez que visitaba un palacio del Vaticano, y jamás había imaginado que en mi primera visita no fuera a ver la Capilla Sixtina de Miguel Ángel, sino el tribunal del papa, donde van a someterme a un interrogatorio. "¡Delito de scoop!" han titulado los periódicos la noticia de que se me investigaba por culpa del libro que ahora tiene el lector en sus manos.

En Avaricia relato los detalles y ofrezco pruebas de los escándalos económicos y financieros de la Iglesia durante el papado de Francisco, un material exclusivo y recabado durante más de un año de investigación. Historias sobre el lujo, el despilfarro y la corrupción que han llenado las portadas de los medios de comunicación de medio mundo. Dos días antes de la publicación del libro en Italia, Bergoglio da su beneplácito a la detención de dos de mis presuntas fuentes. "Los cuervos", los llaman con desprecio.

La sala del interrogatorio está repleta de frescos, imágenes de Cristo y Resurrección. Los bancos dispuestos para el público, hoy evidentemente desiertos, son de caoba. El encuentro es confidencial. Al entrar, he colocado el abrigo y la chaqueta en un banco. El teléfono móvil, en cambio, lo he dejado fuera, escondido bajo el asiento de la moto, aparcada junto al palacio del Santo Oficio, al otro lado de los muros de la Ciudad Santa. No creo que hoy me arresten, pero prefiero no arriesgarme. Han requisado los teléfonos móviles de otras personas investigadas, y no quiero ponérselo más fácil a los investigadores.

De repente, se abre con brusquedad una puerta de madera al fondo de la sala.

Entran con paso presuroso media docena de personas: el jefe de la Gendarmería, los hombres que están al frente de mi investigación y, en último lugar, el promotor de Justicia, el magistrado que en el ordenamiento vaticano desempeña el papel de fiscal. Se acercan todos a la mesa del tribunal. Sonríen, me estrechan la mano, son amables. Pensaban que no vendría a la citación judicial.

Pero aquí estoy. Para empezar, porque no tengo nada que esconder. Luego, porque me gustaría saber de qué se me acusa, por qué motivos quieren realmente investigarme a mí y a mi libro los jueces del Vaticano. Los recién llegados toman asiento, el secretario cede el suyo al magistrado. Este último, el promotor de Justicia, antes de que yo abra la boca, me explica en qué lío me he metido.

"Veamos, señor Fittipaldi, está usted imputado de un delito muy grave. Difusión de noticias y documentos confidenciales. Lea esto." Me entrega una fotocopia de un documento en el que el papa Francisco modifica el código penal vaticano a partir del 11 de julio de 2013. En el párrafo sobre "Delitos contra la Patria" aparece un nuevo artículo, el 116 bis. Es el artículo por el que me acusan. "Quienquiera que obtenga de forma ilícita o revele noticias o documentos cuya divulgación está prohibida, será castigado con entre seis meses a dos años de prisión o con una multa de entre mil y cinco mil euros. Si la conducta implica información o documentos que conciernen a los intereses fundamentales o relaciones diplomáticas de la Santa Sede o del Estado, se aplicará la pena de prisión de entre cuatro y ocho años", leo en voz alta.

"¿Y qué pena me correspondería a mí?", pregunto.

"Usted ha publicado lo que para nosotros equivale a secretos de Estado. Por tanto, de entre cuatro a ocho años", me explica el juez.

Sonrío con amargura, y el juez me responde con otra sonrisa.

"Discúlpeme", añado, "pero, ¿no les parece exagerado? Me he limitado a hacer mi trabajo. Comprendo que el Vaticano esté acostumbrado a lavar sus trapos sucios en casa, pero mi trabajo es publicar secretos que el poder, cualquier poder, desearía que no se supieran. Soy periodista. Y he escrito sólo la verdad. Ni una línea de las páginas de Avaricia ha sido desmentida."

"No se trata de eso. Usted, según nuestro código, ha incurrido en un delito muy grave", repite uno de los gendarmes.

El promotor de Justicia toma papel y bolígrafo. "Ahora le haré algunas preguntas." Comienza. Quiere conocer el nombre de mis fuentes. Me pregunta cómo es posible que hayan llegado a mí los documentos secretos del IOR, la banca vaticana. Quién me ha ayudado a obtener los documentos de la APSA, la entidad que administra todo el patrimonio inmobiliario de la Santa Sede. Quién me ha facilitado y de qué manera los informes secretos acerca de los cardenales y sus negocios millonarios.

"No puedo decirles nada", explico. "Apelo al secreto profesional para no contestar a sus preguntas. En Italia tenemos libertad de prensa, tutelada por nuestra Constitución. Las normas deontológicas me permiten no tener que revelar mis fuentes. ¿En el Vaticano no tienen leyes sobre la libertad de prensa?"

"No. Nos vemos en el tribunal, señor Fittipaldi."

Es la primera vez en la historia que un periodista será procesado en el Vaticano. En estos momentos, mientras escribo este prólogo para la edición española, mi abogado y yo todavía no sabemos cómo vamos a proceder. Cómo nos defenderemos. Pero una cosa es cierta: el libro que usted va a leer a continuación les ha enfurecido.

Emiliano Fittipaldi
19 de noviembre de 2015


El Prólogo a la Edición Italiana
(pp 11-13)

Y dijo uno de sus discípulos, Judas Iscariote, hijo de Simón, el que le había de entregar: "¿Por qué no fue este perfume vendido por trescientos denarios, y dado a los pobres?". Pero dijo esto, no porque se cuidara de los pobres, sino porque era ladrón y, teniendo la bolsa, sustraía de lo que se echaba en ella. [Juan 12, 4-6]


Los dos monseñores comienzan a hablar inmediatamente después de que el camarero les sirva el carpaccio de atún y el tartar de gambas rojas. Antes habían estado callados: recorriendo la lista de los vinos blancos y buscando el adecuado para maridar con los platos, picoteando el pan con nueces, mirando aburridos a su alrededor, en busca de un rostro conocido al que saludar en el jardín del elegante restaurante, situado en el acomodado barrio de Parioli.

Con la primera gamba en el tenedor, el sacerdote más anciano, al que yo no conocía hasta entonces, va al grano. Debes escribir un libro. Debes escribirlo también por Francisco.Tiene que saberlo. Debe saber que la Fondazione del Bambin Gesù, nacida para recaudar donaciones destinadas a niños enfermos, ha pagado parte de las obras realizadas en la nueva casa del cardenal Tarcisio Bertone. Debe saber que el Vaticano posee casas, en Roma, que valen 4.000 millones de euros. Y bien: dentro no hay refugiados, como querría el papa, sino un montón de enchufados y vips que pagan alquileres ridículos.

"Francisco debe saber que las fundaciones dedicadas a Ratzinger y Wojtyla han ingresado realmente tanto dinero que ahora conservan en el banco más de 15 millones. Debe saber que las donaciones que sus fieles le donan cada año a través del Óbolo de San Pedro no se gastan en los más pobres, sino que se acumulan en cuentas e inversiones que hoy valen casi 400 millones de euros. Debe saber que, cuando se hacen con algo del Óbolo, los monseñores lo hacen por exigencias de la curia romana.

"Debe saber que el IOR (Instituto para las obras de Religión) tiene cuatro fondos de beneficencia avaros como Harpagón: pese a que el instituto vaticano produce beneficios por valor de decenas de millones, el fondo para obras misioneras ha entregado este año la miseria de 17.000 euros. ¡En todo el mundo! Debe saber que el IOR todavía no está limpio y que en el Torreón aún se esconden clientes abusivos, gentuza investigada en Italia por graves delitos. Debe saber que el Vaticano nunca ha dado a vuestros investigadores de Banca d'Italia la lista de quienes se han escapado con el botín al extranjero. Pese a que lo prometimos. Debe saber que para hacer un santo, para llegar a ser beato, hay que pagar. Efectivamente, desembolsar dinero. Los cazadores de milagros son caros, son abogados: quieren cientos de miles de euros. Tengo pruebas.

"Debe saber que el hombre que él mismo ha elegido para arreglar nuestras finanzas, el cardenal George Pell, ha acabado en una investigación del Gobierno australiano sobre pedofilia, algunos testigos lo definen como un "sociópata". En Italia nadie escribe nada. Debe saber que Pell ha gastado en él y en sus amigos, entre salarios y trajes a medida, medio millón de euros en seis meses.

"Francisco debe saber que la compañía auditora norteamericana a la que alguno de nosotros ha llamado para controlar las cuentas vaticanas pagó en septiembre de 2015 una multa de 15 millones por haber suavizado los informes de un banco inglés que hacía transacciones ilegales en Irán. Debe saber que la Santa Sede, para ganar más dinero, ha distribuido pequeños carnés especiales por media Roma: hoy vendemos gasolina, cigarrillos y ropa libres de impuestos, con lo que se ingresan 60 millones al año.

"Debe saber que Bertone no es el único que vive en trescientos metros cuadrados, sino que hay un montón de cardenales que moran en pisos de cuatrocientos, quinientos, seiscientos metros cuadrados. Con ático y terraza panorámica. Debe saber que el presidente de la PASA, Domenico Calcagno, se ha preparado un retiro dorado en unos terrenos de la Santa Sede en mitad del campo, abriendo para ello una sociedad a nombre de unos parientes lejanos. Debe saber que el moralizador Carlo Maria Viganò, héroe protagonista del escándalo Vatileaks, está implicado en un litigio con su hermano sacerdote, que le acusa de haberle robado millones de herencia. Debe saber que Bertone viajó e un helicóptero, que costó 24.000 euros, para ir de Roma a Basilicata. Debe saber que Bambin Gesù controla en el IOR un patrimonio demencial de 427 millones de euros, y que el Vaticano ha invertido también en acciones de Exxon y de Dow Chemical, multinacionales que contaminan y envenenan. Debe saber que el hospital del Padre Pio tiene 37 edificios e inmuebles, y que hoy tienen un valor estimado de 190 millones de euros. Debe saber que los salesianos invierten en sociedades de Luxemburgo, los franciscanos en Suiza, que diócesis del extranjero han comprado sociedades propietarias de canales porno. Debe saber que un obispo en Alemania derrochó 31 millones para restaurar su residencia y que, cuando le pillaron, se le premió con un cargo en Roma. Francisco debe saber un montón de cosas. Cosas que no sabe, porque nadie se las dice."

El monseñor deja el tenedor y se limpia la boca con la servilleta. El sacerdote que conozco bien le sirve un poco de vino en el vaso, un Sacrisassi Le Due Terre. El canoso reverendo alza el cáliz, entorna un ojo para observar con atención el color amarillo pajizo a través del cristal, bebe dos tragos largos, después sonríe. "Aquí fuera hay aparcado un coche lleno de documentos. Del IOR, de la APSA, de los dicasterios, de los auditores de cuentas contratados por la comisión referente, la Cosea. Por eso le he pedido que viniese en coche. No podría llevárselos en una moto." Se levanta de golpe. "Por cierto, no tenemos efectivo. ¿Esta vez el restaurante lo paga usted?"


CONCLUSIÓN

La conclusión más visible debe de ser obvia hasta para los ciegos espirituales, pero.... El actuar aparentemente como si fueran unos tontos, ¿no tendrá otro objetivo oculto para el Vaticano? ¿Será posible que estemos en presencia del mismo truco publicitario que hizo el Opus Dei con el ya famoso libro y película de Dan Brown - El Código de Da Vinci? Recordemos: Un libro que fue un logro publicitario para el Opus Dei ya que les sirvió para desmontar como falsas las cuantiosas y bien documentadas denuncias (3) dirigidas a dicha secta.

Estudiemos esa posibilidad....

¿Podría ser que el gran beneficiado del libro Avaricia sea Francisco?

Más aún, ¿podría ser que el libro Avaricia haya sido el resultado de un plan - sin el conocimiento del autor del libro - para "salvar" el nombre de Francisco de la desastrosa imagen moral que el público - ya antes de la publicación del libro - tiene formada del Vaticano?

Las líneas maestras de ese supuesto plan habrían sido éstas:

El objetivo

Para ellos, el activo más valioso del Vaticano no son las riquezas ocultas de miles de millones de euros. El activo más valioso del Vaticano en estos momentos es el nombre - la figura, el prestigio - de Francisco porque Francisco es necesario para los planes de la manifestación del Falso Cristo.

Ya tuvieron que quemar el cartucho de "Benedicto XVI" para evitar que fuera acusado de máximo responsable de los escándalos sexuales o por alguna razón de peso similar. Y ahora quieren estar muy seguros de no perder a Francisco. ¿Cómo podrían perder a Francisco? Lo perderían si alguien lograse hacerlo aparecer como el máximo responsable de los escándalos económicos.

¿Qué hacer entonces? Una campaña de des-información, una jugada al estilo "Código Da Vinci", para salvaguardar la figura de Francisco frente a los escándalos económicos. O, aun mejor, convertirlo en el héroe que lucha contra la malvada maquinaria del Vaticano.

El desarrollo

Publiquemos un libro - piensan ellos. O mejor, incitemos a alguien para que escriba y publique un libro. Escojamos un periodista competente y con cierto prestigio, que sea muy crítico con los escándalos del Vaticano pero a la vez simpatizante - o al menos respetuoso - con Francisco. Entreguémosle un volumen inmenso de información sobre escándalos internos del Vaticano. Para que sea convincente, hagámosle llegar la información a través de personas de dentro del Vaticano que no sean conscientes del plan, pero que estén convencidos de que es su obligación moral hacer saber al mundo los manejos sucios del Vaticano, aunque sea a costa de filtrar información confidencial.

Es muy importante que toda la información facilitada sea verdadera por dos motivos: (1) para que el periodista investigador pueda comprobar por sí mismo la veracidad de los hechos y así sentirse seguro para asumir el riesgo de la publicación del libro; y lo más importante, (2) porque al público, entre tan inmenso y casi inmanejable volumen de verdades escandalosas, se le va a sembrar una idea, sutilmente pero con un efecto poderoso: la inocencia de Francisco.

Esta es la misma técnica de manipulación que está funcionando con wikileaks: el público se siente tan cómodo y simpatiza tanto con las denuncias y a la vez está tan desbordado con las toneladas de verdades que no se da cuenta de los "pequeños detalles" que le están colando.

El balance de pérdidas y ganancias

Por supuesto, un libro así significa un gran deterioro de la imagen, ya maltrecha, del Vaticano. Pero - piensan ellos - ¿quien va a leer este libro? Principalmente personas que ya tienen un concepto bastante negativo del Vaticano. Ese es el principal público al que va dirigido el libro (desde el punto de vista de los autores del plan).

El propio estilo del libro es una barrera psicológica que retiene a ese tipo de público mientras que mantiene alejado a los "católicos" o simpatizantes del Vaticano: el libro tiene una alta densidad de información, tanto numérica como de personajes como de organismos y entidades relacionadas con el Vaticano. En definitiva, es un libro que cuesta mucho de digerir, y el esfuerzo de digerirlo requiere una motivación especial que normalmente solo va a tener quien, teniendo ya antipatía al Vaticano, quiere confirmar sus sospechas.

¿Que habrá algunos católicos o simpatizantes que se perderán (como parte de la fuente de ingresos del Vaticano) al leer el libro? Lástima - piensan - pero es un sacrificio que vale la pena para la ganancia más importante: Francisco no solo es mantenido al margen de los escándalos financieros del Vaticano, sino que sale fortalecido.

Es posible que haya, secundariamente, otro beneficio para ellos (los autores del supuesto plan). ¿Podría ser que el libro esté difundiendo las inmoralidades y delitos de una facción (o varias) de las que luchan dentro de la "Administración" de la Iglesia mientras que otras inmoralidades y delitos - los de la facción que ha iniciado el plan para la gestación y publicación del libro - han quedado fuera de la voluminosa documentación que entregaron al autor del libro? Por ejemplo, a raíz del libro, el cardenal Bertone sale muy perjudicado. Los diseñadores de ese supuesto plan serían enemigos de Bertone.

Confirmación en el propio libro

El prólogo, básicamente, consiste en una serie de más de quince acusaciones que empiezan con las palabras "(Francisco) debe saber". Son, en ese caso, acusaciones en boca de uno de los sacerdotes que facilitó al autor del libro la voluminosa información. Por ejemplo, "Francisco debe saber que las fundaciones dedicadas a Ratzinger y Wojtyla han ingresado realmente tanto dinero que ahora conservan en el banco más de 15 millones."

En Castellano, uno podría tener la duda de si ese "debe saber" se refiere al sentido de probabilidad - "probablemente Francisco lo sepa" - o de obligación en el sentido de "hay que decírselo a Francisco". Pero el texto tiene un comienzo muy claro, pues dice: "Debes escribir un libro. Debes escribirlo también por Francisco. Tiene que saberlo." Es decir, desde el comienzo el libro deja una huella en la mente del lector, que reformulado en otras palabras es: "Francisco no sabe nada de estos escándalos".

Frases/citas del libro en las que aparece el nombre de Francisco:

Al final del libro hay un "Índice Onomástico" que nos dice, en qué páginas del libro aparece cada nombre. Así, vemos que "Francisco" aparece en las páginas: 8, 11-13, 16, 17, 23, 31, 34, 38, 40, 43-44, 55, 58-59, 61-62, 64-66, 72, 73, 75-76, 82, 84, 87, 96, 99, 102, 104-105, 108, 110, 119, 120-121, 128, 132, 138, 143, 165, 167, 168, 174, 187, 189, 190, 191, 198, 203, 219ss

Copiamos aquí una selección de dichas citas, comprobando reiteradamente que Francisco aparece como "el que intenta arreglar las cosas":

Pág.11  (Prólogo)  Debes escribir un libro. Debes escribirlo también por Francisco. Tiene que saberlo.

Pág.16  El libro que el lector tiene en sus manos, sin embargo, gracias a una cantidad significativa de documentos inéditos provenientes de las estancias vaticanas, informes de auditores llamados por Francisco para arrojar luz sobre las cuentas y transacciones financieras, memorias y balances de cada uno de los dicasterios, puede hoy iluminar por primera vez todo el tesoro del papa controlado directamente por el Vaticano.

Pág.17  ... sobre la organización de las estructuras económico-administrativas de la Santa Sede que el propio Bergoglio creó para arrojar luz sobre las finanzas sagradas, uno descubre ...

Pág.38  ... una cosa es segura: Francisco - en un Motu Propio del 8 de agosto de 2013 - decidió que la legislación antiblanqueo debe incluir a todo ente jurídico Vaticano, no sólo bancos y dicasterios, sino también las organizaciones sin ánimo de lucro ...

Pág.62  Porque, mientras que el Papa Francisco fustiga implacablemente a los poderes oscuros de las finanzas mundiales en los discursos y en las encíclicas (como la 'Laudato si'), en el Vaticano la sociedad de consultoría de las barras y estrellas ejerce todo el control desde hace dos años.


EPÍLOGO

¡Que el que tengo Ojos, Vea y Oídos, Oiga!


NOTAS
(1) La emboscada del Falso Cristo
(2) "AVARICIA - Los Documentos Que Revelan Las Fortunas, Los Escándalos y Secretos del Vaticano de Francisco", por Emiliano Fittipaldi
(3) La verdadera descodificación de "El Código de Da Vinci" de Dan Brown



Documento Publicado - 13 de Abril, 2017 - Jueves Santo Tradicional.

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